González Ortiz Pablo grupo: 600 La ladrona de libros pag130
Lo que no supo hasta mucho después es que, al cabo de pocos días, su
padre cambiaría unos cuantos cigarrillos por otro libro, aunque no para
ella. Hans llamó a la puerta de las oficinas del partido nazi de
molching y aprovecho la ocasion para interesarse por su solicitud de
afiliación. Después de debatir la cuestión, les entregó las cuatro
cuartos que le quedaban y una docena de cigarrillos. A cambio, recibió
un ejemplar usado de Mein Kampf.
trabajos de informatica aplicada ENP 2 Integrantes: Cortéz Vazquez José Alfredo González Ortiz Pablo Ramírez Hernández Edivaldo Rodríguez Alvarez Edgar Viveros Campos Ulises
lunes, 26 de noviembre de 2012
lunes, 19 de noviembre de 2012
La ladrona de libros pag. 105
González Ortiz Pablo grupo:600 la ladrona de libros pag. 105
Trudy, o Trudel, como solían llamarla, era sólo unos pocos centímetros más alta que Rosa. Tenía el lamentable y patoso caminar de Rosa Hubermann, pero todo lo demás era mucho más dulce. Trabajaba de criada en la zona pudiente de Munich, así que estaba bastante harta de niños, pero siempre le dirigía a Liesel unas cuantas palabras acompañadas de una sonrisa. Tenía los labios suaves. Y la voz apagada.
Llegaron juntos en el tren de Munich. Las viejas tensiones no tardaron en aflorar
Trudy, o Trudel, como solían llamarla, era sólo unos pocos centímetros más alta que Rosa. Tenía el lamentable y patoso caminar de Rosa Hubermann, pero todo lo demás era mucho más dulce. Trabajaba de criada en la zona pudiente de Munich, así que estaba bastante harta de niños, pero siempre le dirigía a Liesel unas cuantas palabras acompañadas de una sonrisa. Tenía los labios suaves. Y la voz apagada.
Llegaron juntos en el tren de Munich. Las viejas tensiones no tardaron en aflorar
lunes, 5 de noviembre de 2012
González Ortiz Pablo pag 59 la ladrona de libros
En la fantasía de Liesel, esa noche la luna estaba zurcida al cielo, con puntadas de nube alrededor.
La bicicleta oxidada se detuvo y cayo sobre la valla del Hubert Oval, que Rudy saltó, Aterrizó al otro lado y fue corriendo con desgarbo hasta la linea de salida de los cien metros. A contunuacion, entusiasmado, hizo unos torpes estirmientos y dibujó unas marcas de salida en la tierra. A la espera de que llegara su turno, se paseó arriba y abajo, concentrándose bajo un firmamento oscuro, con la luna y las nubes obbservándolo atentamente.
En la fantasía de Liesel, esa noche la luna estaba zurcida al cielo, con puntadas de nube alrededor.
La bicicleta oxidada se detuvo y cayo sobre la valla del Hubert Oval, que Rudy saltó, Aterrizó al otro lado y fue corriendo con desgarbo hasta la linea de salida de los cien metros. A contunuacion, entusiasmado, hizo unos torpes estirmientos y dibujó unas marcas de salida en la tierra. A la espera de que llegara su turno, se paseó arriba y abajo, concentrándose bajo un firmamento oscuro, con la luna y las nubes obbservándolo atentamente.
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