miércoles, 27 de marzo de 2013

González Ortiz Pablo 600

Ines del alma mia pag. 130
Las mujeres salieron también al ruedo y bailaron con los hombres, agitando los brazos, las cabezas, las mantas, como grandes pájaros. Pronto la gente sintió el efecto hipnótico de cultrunes, trutucas y flautas, de golpe rítmico de los pies sobre la tierra húmeda, de a energía poderosa de la danza y uno a uno comenzaron a aullar con alaridos viscerales que luego se transformaron en un largo grito-<<Ooooooooom>>- que rebotó en los montes,moviendo el espíritu. Nadie pudo escapar al embrujo de ese <<Oooooooooooom>>.

lunes, 18 de marzo de 2013

González Ortiz Pablo grupo:600

Ines del Alma mia pag.90
Cuando creímos que habíamos alcanzado el límite de nuestras fuerzas, el color de las montañas y del suelo cambió. El aire se detuvo, el cielo se volvió blanco y desapareció toda forma de vida, desde los abrojos hasta los aves solitarias que antes solían verse:habíamos entrado al temible Despoblado. Apenas surgía la primera luz del alba nos poníamos en marcha, porque más tarde el sol no permitía avanzar. Pedro había decidido que cuanto más rápido fuese el viaje, menos vidas pederíamos, aunque el esfuerzo de dar cada paso era desmedido. Descansábamos en las horas más calinetes, tirados sobre ese mar de arena calcinada, con un sol de plomo derretido sobre nosotros, en un ámbito muerto.

lunes, 11 de marzo de 2013

González Ortiz Pablo grupo 600

Ines del alma mia pag 75
Pedro expuso al marquéz, en forma algo exagerada, mi experiencia en cuidar enfermos y heridos, así como mis conocimientos de costura y cocina, indispensables para un viaje como aquél, pero de nuevo se vio enredado en intrigas palaciegas y objeciones morales. Tanto insistí, que Pedri me consiguió una audiencia para hablar con Pizarro en persona. No quise que él me acompañara, porque hay cosas que una mujer puede hacer mejor sola.

domingo, 3 de marzo de 2013

González Ortiz Pablo grupo: 600

Ines del Alma mia : pagina 55
Imagino que esos curas eran de la Inquisición, pero nunca se lo pregunté, porque la sola palabra me aterrorizaba entonces y me aterroriza todavía. Jamás olvidaré una quema de herejes que hubo en Plasencia cuando yo tenía unos ocho o nueve años. Volvi a usar mis vestidos negros y asumí el papel de esposa desconsolada para que me ayudaran a llegar al Perú. Los frailes se maravillaban a mi fidelidad conyugal, bque me conducía por el mundo persiguiendo a un marido que no me había convocado a su lado y cuyo paradero desconocía Mi motivo no era la fidelidad, sino el deseo de salir del estado de incertidumbre en que Juan me había dejado. Hacía muchos años que no lo amaba, apenas recordaba su rostro y temía que cuando lo viera no lo reconocería. Tampoco pretendía quedarme en Panamá, expuesta a los apetitos de la soldadesca de paso y al clima insalubre.