Pag: 173 La ladrona de libros
Giró en la esquina, hacia el número treinta y tres, resistiéndose a sonreír, resistieéndose a sollozar o siquiera a imaginar la salvación que podría estar aguardándolo. Se dijo que no corrían tiempos para abandonarse a la esperanza, aunque casi pudiera tocarla. La sentía cerca, en algún lugar fuera de su alcance; si embargo, en vez de dejarse convencer, volvió a repasar qué debía hacer si lo atrapaban en el último momento o si, por cualquier razón, dentro lo esperaba la persona equivocada.
trabajos de informatica aplicada ENP 2 Integrantes: Cortéz Vazquez José Alfredo González Ortiz Pablo Ramírez Hernández Edivaldo Rodríguez Alvarez Edgar Viveros Campos Ulises
lunes, 10 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
González Ortiz Pablo grupo:600
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Ese día, mientras Liesel se deleitaba en la parte más fresca de la habitación, su estómago protestó, pero la mujer muda y derrotada no reacionó. Volvía a llevar puesto el albornoz y, aunque a veces observaba a la niña, nunca se detenía en ella demasiado tiempo. Por lo general, prestaba mayor atención a lo que tenía cerca, a algo ausente. La ventana estaba abierta de par en par, una boca cuadrada y fresca por la que de vez en cuando se colaba una ráfaga de aire.
Ese día, mientras Liesel se deleitaba en la parte más fresca de la habitación, su estómago protestó, pero la mujer muda y derrotada no reacionó. Volvía a llevar puesto el albornoz y, aunque a veces observaba a la niña, nunca se detenía en ella demasiado tiempo. Por lo general, prestaba mayor atención a lo que tenía cerca, a algo ausente. La ventana estaba abierta de par en par, una boca cuadrada y fresca por la que de vez en cuando se colaba una ráfaga de aire.
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