lunes, 18 de marzo de 2013

González Ortiz Pablo grupo:600

Ines del Alma mia pag.90
Cuando creímos que habíamos alcanzado el límite de nuestras fuerzas, el color de las montañas y del suelo cambió. El aire se detuvo, el cielo se volvió blanco y desapareció toda forma de vida, desde los abrojos hasta los aves solitarias que antes solían verse:habíamos entrado al temible Despoblado. Apenas surgía la primera luz del alba nos poníamos en marcha, porque más tarde el sol no permitía avanzar. Pedro había decidido que cuanto más rápido fuese el viaje, menos vidas pederíamos, aunque el esfuerzo de dar cada paso era desmedido. Descansábamos en las horas más calinetes, tirados sobre ese mar de arena calcinada, con un sol de plomo derretido sobre nosotros, en un ámbito muerto.

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