Los días parecían interminables, y las nochez aún mas. La suciedad, la estrechez, la escasa y pésima comida, el mal humor de los hombres, todo contribuía al purgatorio que fue la travesía, pero al menos nos salvamos de las serpientes marinas capaces de tragarce una nave, los monstruos, los tritones, las sirenas que enloquesen a los marineros, las ánimas de los ahogados, los barcos fantasmas y los fuegos fatuos. La tripulación nos advirtió de estos y otros peligros habituales en los mares, pero Belálcazar aseguró que jamás había visto nada de eso.
pag. 37
No hay comentarios:
Publicar un comentario